Una jugada de perro viejo, de zorro sin escrúpulos, de veterano de guerra, de deportista tramposo, de jugador sucio con muchos años en el DNI y ya poco fútbol en las botas, en la que Marchena engañó al árbitro y fingió una agresión de Eliseu que nunca existió, rompió al filo del descanso un partido de ida y vuelta, que estaba precioso (2-3) y que Teixeira Vitienes se cargó con una injusta expulsión del extremo portugués. Con el marcador en contra y 10 jugadores frente a 11, la suerte del Málaga-Villarreal quedó echada.
Fue una lástima. Ganó el teatro y perdió el fútbol. Hasta ese momento el choque tenía un ritmo espectacular. Si el jeque y Ferreira hubieran podido planificar de antemano la hoja de ruta del partido hubieran escrito lo que pasó en los cuatro primeros minutos. Primer ataque y primer gol, después de un obús tierra-aire lanzado por el propio Eliseu, que se coló por la escuadra izquierda de la meta de Diego López.
El partido ya estaba donde quería el Málaga. A las primeras de cambio. Al Villarreal no le quedaba otra que tirar del carro. Lo soñado en las horas previas a que rodara el balón. Los amarillos se hicieron dueños del partido y el Málaga replegó filas. Quizás demasiado. El equipo dio tres pasos atrás y dejó maniobrar al submarino amarillo a su antojo. El rival, además, lejos de ponerse nervioso, tiró de oficio. No se descompuso por el gol tempranero y en tres minutos, del 21 al 24, le dio la vuelta a la tortilla.
El equipo y la afición quedaron groguis. Pero este Málaga ve puerta casi sin proponérselo. Un cabezazo de Rondón, tras una gran jugada de Quincy, devolvió las tablas a la media hora. El frenesí de goles al más puro estilo La Romareda no quedó ahí y en otra aproximación Cazorla remató pegadito al palo para el 2-3. Sólo habían pasado tres minutos más (33´). Y sólo faltaban 8 para la jugada clave, la que mató el partido en el 41´.
El segundo tiempo fue un continuo quiero y no puedo para los de Ferreira. El Málaga se hartó de correr, pero no tuvo tino. El rival se pertrechó alrededor de Diego López y casi no hubo ni opciones para soñar con el empate. Jugar contra uno más siempre te exige un plus, pero si encima tienes al otro lado del campo a todo un Villarreal, la misión se hace casi imposible.
Tras 45 minutos de mucho corazón y poca cabeza en los que el marcador ya no se movió, La Rosaleda premió a los suyos con una sonora ovación cuando Teixeira pitó el final. Y es que no se puede objetar nada al esfuerzo sobrehumano de los jugadores. Ni siquiera a la tercera derrota en tres partidos como local.
Lástima, porque hubiera sido bonito ver hoy a los blanquiazules en zona continental. Sólo con meter un golito más que el rival hubiera bastado. Pero Europa puede esperar. El Málaga había deslumbrado en Zaragoza con 35 minutos para los anales de la historia del balompié español. En Getafe se pegó otros 45 espectaculares dignos de un equipo de los buenos de la Europa League. Pero le faltaba mostrarse a orillas del Guadalmedina. El día del Valencia casi no tuvo ni opción. Contra el Sevilla quiso, pero no pudo. Había cierta psicosis. Por eso, ganar ayer era una necesidad más mental que deportiva. Pero tampoco pudo ser. Y esta vez quizás más por cuestiones externas que por lo mostrado sobre el tapete de Martiricos.
Tampoco podemos olvidar que el rival de anoche era de los de postín. Este Villarreal de Roig, Llaneza y Garrido es un bloque sin fisuras, con orden defensivo, calidad en el centro del campo y un par de finalizadores arriba de cuidado. El Málaga tenía, desde luego, un examen de lo más exigente. Por eso la derrota, independientemente de la forma en que se produjo, tampoco nos debe hacer perder la perspectiva. Si el Málaga sigue jugando así va a sumar muchos más puntos de los que se va a dejar en el camino. Nada que ver con el sufrimiento de otrora. Este Málaga está capacitado para navegar sobrado por la zona media de la clasificación. Al menos por lo visto en estas primeras cinco jornadas de la Liga BBVA. De momento, ha perdido con tres rivales que son claramente superiores en fútbol y en euros a los costasoleños y ha ganado a los dos de ´su´ Liga. O sea, nada que objetar.
Eso sí, Ferreira le tiene que dar otra vueltecita al repliegue defensivo. Ayer cayeron otros tres goles más. Jesualdo repitió el esquema del Coliseum colocando a Sandro Silva a la vera de Apoño. Abrigó al palmillero para que no pasase tanto frío como el día del Sevilla. Pero el equipo volvió a mostrar carencias en la zona central del campo a la hora de defender las llegadas del rival. Y eso hay que mirárselo porque si en tu casa te meten tres goles todos los días, es imposible que ganes.
Hoy toca ya pasar página. El Almería, en el Juegos del Mediterráneo, será el próximo rival. Viajar será un placer.
Fue una lástima. Ganó el teatro y perdió el fútbol. Hasta ese momento el choque tenía un ritmo espectacular. Si el jeque y Ferreira hubieran podido planificar de antemano la hoja de ruta del partido hubieran escrito lo que pasó en los cuatro primeros minutos. Primer ataque y primer gol, después de un obús tierra-aire lanzado por el propio Eliseu, que se coló por la escuadra izquierda de la meta de Diego López.
El partido ya estaba donde quería el Málaga. A las primeras de cambio. Al Villarreal no le quedaba otra que tirar del carro. Lo soñado en las horas previas a que rodara el balón. Los amarillos se hicieron dueños del partido y el Málaga replegó filas. Quizás demasiado. El equipo dio tres pasos atrás y dejó maniobrar al submarino amarillo a su antojo. El rival, además, lejos de ponerse nervioso, tiró de oficio. No se descompuso por el gol tempranero y en tres minutos, del 21 al 24, le dio la vuelta a la tortilla.
El equipo y la afición quedaron groguis. Pero este Málaga ve puerta casi sin proponérselo. Un cabezazo de Rondón, tras una gran jugada de Quincy, devolvió las tablas a la media hora. El frenesí de goles al más puro estilo La Romareda no quedó ahí y en otra aproximación Cazorla remató pegadito al palo para el 2-3. Sólo habían pasado tres minutos más (33´). Y sólo faltaban 8 para la jugada clave, la que mató el partido en el 41´.
El segundo tiempo fue un continuo quiero y no puedo para los de Ferreira. El Málaga se hartó de correr, pero no tuvo tino. El rival se pertrechó alrededor de Diego López y casi no hubo ni opciones para soñar con el empate. Jugar contra uno más siempre te exige un plus, pero si encima tienes al otro lado del campo a todo un Villarreal, la misión se hace casi imposible.
Tras 45 minutos de mucho corazón y poca cabeza en los que el marcador ya no se movió, La Rosaleda premió a los suyos con una sonora ovación cuando Teixeira pitó el final. Y es que no se puede objetar nada al esfuerzo sobrehumano de los jugadores. Ni siquiera a la tercera derrota en tres partidos como local.
Lástima, porque hubiera sido bonito ver hoy a los blanquiazules en zona continental. Sólo con meter un golito más que el rival hubiera bastado. Pero Europa puede esperar. El Málaga había deslumbrado en Zaragoza con 35 minutos para los anales de la historia del balompié español. En Getafe se pegó otros 45 espectaculares dignos de un equipo de los buenos de la Europa League. Pero le faltaba mostrarse a orillas del Guadalmedina. El día del Valencia casi no tuvo ni opción. Contra el Sevilla quiso, pero no pudo. Había cierta psicosis. Por eso, ganar ayer era una necesidad más mental que deportiva. Pero tampoco pudo ser. Y esta vez quizás más por cuestiones externas que por lo mostrado sobre el tapete de Martiricos.
Tampoco podemos olvidar que el rival de anoche era de los de postín. Este Villarreal de Roig, Llaneza y Garrido es un bloque sin fisuras, con orden defensivo, calidad en el centro del campo y un par de finalizadores arriba de cuidado. El Málaga tenía, desde luego, un examen de lo más exigente. Por eso la derrota, independientemente de la forma en que se produjo, tampoco nos debe hacer perder la perspectiva. Si el Málaga sigue jugando así va a sumar muchos más puntos de los que se va a dejar en el camino. Nada que ver con el sufrimiento de otrora. Este Málaga está capacitado para navegar sobrado por la zona media de la clasificación. Al menos por lo visto en estas primeras cinco jornadas de la Liga BBVA. De momento, ha perdido con tres rivales que son claramente superiores en fútbol y en euros a los costasoleños y ha ganado a los dos de ´su´ Liga. O sea, nada que objetar.
Eso sí, Ferreira le tiene que dar otra vueltecita al repliegue defensivo. Ayer cayeron otros tres goles más. Jesualdo repitió el esquema del Coliseum colocando a Sandro Silva a la vera de Apoño. Abrigó al palmillero para que no pasase tanto frío como el día del Sevilla. Pero el equipo volvió a mostrar carencias en la zona central del campo a la hora de defender las llegadas del rival. Y eso hay que mirárselo porque si en tu casa te meten tres goles todos los días, es imposible que ganes.
Hoy toca ya pasar página. El Almería, en el Juegos del Mediterráneo, será el próximo rival. Viajar será un placer.



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